viernes, 1 de agosto de 2008

Una droga llamada amor

Demasiado se de camas desechas como desflorados lienzos,
amores de papel, sonrisas de medio penique,
que se deshacen cual pastilla de jabón que flota sobre el agua
una de esas eternas mañanas de resaca, otra de tantas.

Rutinas se han tornado los despertares en lecho ajeno,
chiquillas de medio pelo, las del polvo mañanero,
las del café con prisas y del “ya nos veremos”.

Acabo bañando mis noches con alcoholes,
las entrego a mil mujeres,
las duermo entre edredones,
y siempre,
las termina vistiendo el rancio aroma de maltrechos soles.

Necesidad de nuevos aires,
para calmar un corazón en paro,
una voz que patalea en el fango de la monotonía,
azuzando sus cuerdas vocales en un agónico grito,
luchando por salir, allá afuera,
donde lucecillas titilantes abren un camino
hacia donde se juntan, sin discutir entre ellos,
locura, libertad y amor, al compás de una misma canción.

Apenas distingo ya la noche del día,
Todo muere en esta absurda monotonía.

Quizás, sea la ocasión, de reengancharse a esa droga llamada amor…



Mientras tanto,
yo seguiré tejiendo horas, minutos y segundos,
hasta verte,
bañada por una lluvia calida de finos rayos de sol,
y besarte,
descosiendo el tiempo en mil pedazos,
en un beso infinito,
nuestro beso infinito.

Y no volver a soltarte nunca más,
porque eres lo que quiero,
eres lo que tanto tiempo había esperado
y entre amargas sabanas había enterrado.

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