sábado, 20 de septiembre de 2008

Por miedo a mi voz cazallera

Hoy hasta el sol y la luna se me esconden;
Se escaparon juntos de copas,
por las curvas peligrosas de tu cuerpo.
Cabrones...

El amor se suicido
diciendo que aquí ya no pintaba nada;
Ahora yo pinto un corazón
con su sangre derramada.
Contradiciéndose mi ser,
arramplo con todas las caricias gastadas,
que un día en mi huerto olvidaste desparramadas.

Rompo con todo,
no dejo absolutamente nada,
aluviones de gritos
que en mis paredes rebotaban;

Y volvían a desangrar tu nombre...

Tu nombre. Já!
Otro que pide consulta
pa´ ver donde se esconde…


La soledad hizo las maletas

¿Por qué coño se fue?

Mis colegas lo dejaron de hacer hace ya un tiempo,
ahora me jode que ni la soledad me aguante.

Perra, traidora, desdichada,
yo estuve cuando mas sola te encontrabas,
ahora, maldita, me abandonas a mi suerte,
arropado con la nada dormiré debajo un puente.

De repente, a mi vera regresaste,
y tu dulce veneno en mis venas inyectaste.
Solo te habías distanciado unos segundos
y yo por un pelo casi voy y me derrumbo.

Niña de mis ojos vacios de lágrimas,
niña de mi corazón exento de pasión,
te suplico, que no te vuelvas a marchar de aquí;
te exijo, que no intentes volver a hacerme algo así.

Te juro, que no podría "ni morir" sin ti.

Malgastemos juntos papeles mojados
en escribir estrofas de sueños olvidados;
construyamos con ellos castillos de naipes
y volvamos al amor donde lo dejamos antes.

Remendar mi soledad, tenerla siempre guapa, vistosa;
porque ella, a diferencia de vosotras, nunca se ira de mi lado…


miércoles, 3 de septiembre de 2008

Cruce de mochilas con distinta dirección

Y no volviste.
Siempre quise creer que no pasaría, pero así fue.

Después de un año sin conocer el amor,
te presentas como mi salvación;
un mes después, te marchas como mi perdición.
Bonito idilio amoroso, reirán algunos.

Te has salido de mi camino,
desvío hacia alguna felicidad pasajera,
tal vez nunca estuviste en él, no lo sé.
Tú has elegido tu camino, deja que yo me pudra en el mío.

Otro puto adiós,
largas madrugadas entre apuntes mojados
por lagrimas que dibujaban sobre ellos tu sonrisa,
esa dulce sonrisa que me miraba, y que quizás, nunca lo sabré,
me engañaba.

He conocido casi al doble de soledades que de mujeres,
y las he multiplicado por los grados de alcohol en mis venas,
aun así, la felicidad no ha durado más allá
de los primeros minutos de las duras mañanas de resaca.

¿Tengo que volver a esa penosa rutina,
esquivando "te quieros" de cartulina,
lanzados por vosotras en forma de avioncitos de papel,
con la misma relevancia con la que os ponéis a cagar o echáis a dormir?

De nuevo a mendigar amores de cristal de murano…