El fracaso es un hecho para tus oídos
una maraña infesta de gruñidos descosios,
que tus trompas de eustaquio saboreen el aroma,
mientras ellas remiendan, medio en serio medio en broma,
resquicios de latidos obsoletos
que ya muy atrás quedaron en coma.
Tic tac, tic tac, llega el momento,
el madrugón me delata.
Desayuno a palo seco
entre bostezos en lata,
rezuman los sueños de anoche
con una “princesa” barata.
Se presenta un ambiente de fiesta,
no es para menos, hoy los problemas no apestan,
vamos a engullir toda la inspiración de la sala,
de postre, esta noche, lencería de una chavala.
Asoman mis nervios de aprendiz en la materia,
entro en la estancia, el mundo se inclina,
mastican y se comen mis versos
las paredes que se me echan encima.
Pelos como estalactitas luchando contra estalagmitas,
a punta de flecha sometida mi piel de gallina,
litros de pánico se agolpan en mi aorta,
cuando unos punteos salvajes de fondo se afinan.
Los cascos me echan un cable,
me animan a dejar ahí fuera al cobarde;
Play y rec son pulsados al unísono
sin un ápice de compasión al que atenerse.
Rimas perfectas, entonación recién destronada,
mis mejores palabras adornadas con mimo para ti
se ocultan sigilosas al acecho en mi paladar;
entre un micro acojonado y mi mal hablada lengua
estalla la tercera guerra mundial.
Cero tregua, nena, cero tregua.
