sábado, 8 de agosto de 2009

No llores

Lagrimas remangando sus haces brillantes
de tanto rodar desbocadas calle abajo,
una locura rebotando de sien a sien,
saltando de neurona en neurona,
encharca mis pestañas bajo la eterna luz
de esta bombilla de sucios pálpitos y algo peleona.

Cada rato expira su corta vida
dejando paso a otro de igual calibre
que provoca, tal vez, algún bostezo mas,
y agota mis bodegas lagrimales
cual borracho en la barra de un viejo bar.

Tu teléfono suena en la lejanía.
¿Qué te pasa?
¿No me recuerdas?
Las noches que retorcíamos juntos bajo el colchón
hacían estragos ante tu potente mirada,
y ahora, para ti ya son menos que nada,
absurda basura mal enterrada.

¿En qué dudas?
¿Qué atormentan hoy tus pisadas?
-Déjalo en serio, son mis ralladas.
-También las mías, siento tu sudor a 400 km de mi vida,
siento tu llamada de auxilio sobre tus lagrimas cuarteadas.

Cierra los ojos, no pienses en nada.
Siente mis labios mojados rozando tu cara,
siente que vuelas como la zozobra de esta noche
sobre el césped invadido por el rocío de la luna
que también llora por nosotros y por nuestros corazones rotos.

Querría violar todos los momentos que no estés a mi vera
para que lloraran su infierno por hacerme sufrir esta espera,
que desvencijados remienden su alma vacía
y se mueran sufriendo un poquito más cada día,
porque a mi niña no me la quita ni su puta madre sombría.

Princesa, vuelve y no llores,
que aún nos quedan muchas pasiones por cumplir,
muchos resquicios de olvido que quemar
entre los charcos que emanan de nuestras sabanas calientes,
entre la luna de un día y el sol del siguiente.