viernes, 15 de agosto de 2008

Demasiado lejos para soñarte

Inverti media vida en encontrar la melodia de sus labios,
y otro tanto me lo gaste en aprender a tararearla,
cuando llegado el momento consegui alcanzar a rozarlos,
sus pasos ya la llevaban lejos, donde apenas pudiera soñarla.

Cargo con el peso de estos funestos dias,
en mi telefono ya nunca suena su melodia,
a duras penas levanto mi alma por las mañanas,
pienso si hoy ella llamara, en donde estara,
si hoy se acordara de alguno de esos te quieros de humo,
que recitaba antes en su afan de la sonrisa facil, o que se yo.

"Con mil palos en mi espalda y mil lagrimas en mi almohada,
y derrochando una sonrisa cada mañana",
rezaba el epitafio de un sabio que yo recordaba.
Eso queria gritar a cada momento que pasaba,
pero necesitaba oir de nuevo su voz,
para que mis adormecidas cuerdas vocales despertaran.

Pero aqui sigo, como cada dia, medio enterrado pero con vida,
sepultado por los llantos de soñar, cada dia, tu vuelta,
maldiciendo, todos los soles que llegan y lunas que se van,
cada dia, sin ti.

Mientras tanto,
yo seguire noches enteras susurrando
canciones que solo hablan de ti...
abrigado con besos tuyos imaginarios,
que pinte, y mas tarde recorte, para mi.

Y volveras,
algun dia, volveras.


miércoles, 13 de agosto de 2008

Tú, mi sueño

Los sueños, eternos compañeros,
te muestran tus deseos,
y al despertar, acaban con ellos.

Roto, en mil pedazos,
así quedó el sueño aquel,
Al interrumpir sin pudor ninguno
el maldito sol rozando mi piel.

Ladrón a sueldo de alegres amaneceres,
que entreabrió mi persiana con sus rayos
para robarte sin piedad de mis sueños
en el justo momento que yo tanto anhelaba:
Mi mano temblorosa acariciaba tu pelo,
mientras cerraba los ojos y te besaba.

Desapareciste, una vez mas,
como cada mañana,
como todas esas solitarias mañanas en mi calendario.
Lloré, quería soñarte de nuevo,
quería tenerte de verdad
aunque solo fuera una vez.

Un día, con tus deberes cumplidos,
me citaste sin previo aviso en tu lido;
la mar estaba en calma,
no en cambio mi alma
a la par que mi corazón,
3000 revoluciones por segundo
al compás de tu canción.

“Enamorado de ti” fueron tus escuetas palabras,
esconderme entre la fina arena de tu playa quería,
salir corriendo, pensé;
pero respiré y me serené,
te tenía hoy por fin enfrente
con una mirada que me decía
que sentías algo muy fuerte.



Un sueño hecho realidad,
uno de tantos y a tanta gente,
porque si luchas por ellos con uñas y dientes,
sin rendirte, por muy fuerte que venga la corriente,
ganas,
vences,
la felicidad que emanas
domina el mundo al que perteneces.

Un sueño hecho realidad.

Desde entonces,
te cuento un cuento de buenas noches todas ellas,
que serán todas aquellas pasiones que vivimos entre colchones
de ese eterno atardecer en que me llevaste hasta el amanecer,
y al terminar, te susurro al oído,
que mañana quiero repetirlas contigo.

Tu zapato de cristal

Soy culpable de nombrarte
como reina de mi olvidado reino,
con tu corona hecha de mis sonrisas
en mi mundo decorado de alambre y crepé.

Princesa que entraste a quemarropa en mis sueños,
haciéndome tu dueño,
olvidando tu zapato de cristal
cada noche,
cuando volvías al mundo real.

Tu, amante sin piedad,
llegaste para poner en calma
mis mas de mil despertares en soledad,
insuflando vida en mi alma.

Compre ilusiones para ti,
en la calle del olvido, en el mercado de mi mente,
donde mi corazón vomitaba en una esquina,
y mi autoestima, demacrada y vencida,
pasaba droga enfrente.

Cielo mío, de tu boca me hice adicto,
por tus caderas me convertí en enfermo terminal,
me agarraste fuerte, hiciste de mi un convicto,
recorriendo contigo los caminos de este mundo irreal.

Y fíjate, mi amor, que todo esto es solo un pensamiento,
llegara el día en que se haga realidad.
Mientras tanto,
te arrancare tantas sonrisas como me permita el tiempo,
hasta el momento en que tu boca y mi boca se junten,
rompiendo el infinito a través de las estrellas
de este cielo que nos protege y nos acaricia con ellas.


Al torcer una esquina

Paseando. Orillas del río.
Río en calma. Alma hundida.
La soledad te acompaña.
Compañera fiel, eterna amiga.

¿Crees que es el final?
¿Qué todo esta acabado?
¿Qué ya no hay marcha atrás?
Llora, esparce tus lágrimas por este desierto de almas errantes,
pero no te rindas, nunca te rindas.

Ya no te quedan palabras, frases, rimas,
su ausencia devalúa tu autoestima,
y sobre ti, impasible, allí encima,
un dios, ahora huidizo y de mirada esquiva.

Se que estas triste, pequeña mía,
tu mundo, decorado de alegrías, sonrisas y placer,
se derrumba, como el sol de un viejo atardecer.
Pero sigue caminando, siempre hay otra opción,
siempre surge una alternativa.

Sin querer, trastabillando y de puntillas,
tu roto corazón llega un cruce.
Estas destrozada, lo sé.

Puedes seguir el rumbo de tu mente,
inmersa en un fracaso absoluto,
o torcer esa esquina,
y ver que tras ella hay oculto.

Decides probar suerte,
gran alarde de valor por tu parte,
has vencido a tu frágil mente,
ahora, tu premio, quizás este hay alante.

Al torcer esa esquina,
vislumbras una silueta.
¡Qué ven tus ojos!
Ya pensabas que tal belleza no existía.

Te acercas, acojonada por cierto,
pero sientes algo,
sabes que es tu momento.

Dos palabras, tres gestos,
a cambio una dulce sonrisa.
Lo demás, descúbrelo tú misma,
este final no corre prisa.

Recuérdalo, pequeña,
nunca ceses en tu empeño,
pierdas tu valor,
abandones tus fuerzas,
ni entierres tu sonrisa.

Más allá, hay una esquina, castigada por los años,
olvidada por la desesperación del que sigue su camino,
camino sin retorno, hacia la muerte, hacia el olvido.



Al torcer una esquina, no lo olvides, princesa mía,
siempre hay una esperanza, siempre queda vida.

viernes, 1 de agosto de 2008

Una droga llamada amor

Demasiado se de camas desechas como desflorados lienzos,
amores de papel, sonrisas de medio penique,
que se deshacen cual pastilla de jabón que flota sobre el agua
una de esas eternas mañanas de resaca, otra de tantas.

Rutinas se han tornado los despertares en lecho ajeno,
chiquillas de medio pelo, las del polvo mañanero,
las del café con prisas y del “ya nos veremos”.

Acabo bañando mis noches con alcoholes,
las entrego a mil mujeres,
las duermo entre edredones,
y siempre,
las termina vistiendo el rancio aroma de maltrechos soles.

Necesidad de nuevos aires,
para calmar un corazón en paro,
una voz que patalea en el fango de la monotonía,
azuzando sus cuerdas vocales en un agónico grito,
luchando por salir, allá afuera,
donde lucecillas titilantes abren un camino
hacia donde se juntan, sin discutir entre ellos,
locura, libertad y amor, al compás de una misma canción.

Apenas distingo ya la noche del día,
Todo muere en esta absurda monotonía.

Quizás, sea la ocasión, de reengancharse a esa droga llamada amor…



Mientras tanto,
yo seguiré tejiendo horas, minutos y segundos,
hasta verte,
bañada por una lluvia calida de finos rayos de sol,
y besarte,
descosiendo el tiempo en mil pedazos,
en un beso infinito,
nuestro beso infinito.

Y no volver a soltarte nunca más,
porque eres lo que quiero,
eres lo que tanto tiempo había esperado
y entre amargas sabanas había enterrado.

En un terreno baldio

Por aquel entonces,
solo quería privar hasta el amanecer,
solo quería ir volando hasta tu cielo de enebros,
olerte y saber que nunca te tendría,
con eso m valía.

Pero un día desperte,
sabanas pegadas,
un poco con mal pie,
pero algo me decía
que iba a suceder.

Tu proposición fue inmejorable,
por supuesto yo acepte.

Primer beso,
diste la vuelta a mi mundo,
en una décima de segundo.

Si el cielo me quería de rodillas,
sin pensarlo me pondría a sus pies,
por volver a besar tu boca,
por volver a rozar tu piel.

Agarrado de tu mano, el mundo nos pertenecía.
Por aquello, en este momento, sin fin de locuras haría.
Pero no adelantemos acontecimientos, lo bonito aún duraría.

Firmamento, Sol y Luna, el trío calavera,
estaban de acuerdo conmigo, en que tu preciosa cabellera,
debería estar en el cielo, cabalgando sobre una estrella.

Fueron pasando días, semanas, meses,
lo mío por ti crecía.
Pero algo dentro de ti,
susurrando, ya te decía,
que esta maquina de engranajes perfectos,
tarde o temprano, fallaría.

Terreno baldío, famélico abismo,
este mundo moría,
pero estabas tu,
y yo feliz me decía:
"Estate orgulloso de ti mismo".

Pero un día llegaste, sin pudor,
pronunciaste esas trágicas palabras,
que yo nunca imagine antes,
y te fuiste, al mismo paso que viniste.

Ahí me quedo yo, solo, solo, solo,
sin saber que hacer, que decir, que pensar.
Murió el duende, el arte, mi Dios, mi fe,
murió hasta aquel pobre, triste y desolado atardecer.

Solo me quedaste tu, soledad,
la que nunca falla, ni se aleja, ni se va.
Y agarrado a tu cintura,
de la mano de una copa de vino,
me entregué al más miserable olvido,
de este puto terreno baldío.

¿Por qué enamorarse si sabes cuan doloroso será el final?

Porque fué jodidamente bonito mientras duró.


Porque te has ido.

Las cunetas de mi almohada se llenan de lagrimas,
el asfalto hirviendo de mi colchón se pega a mi piel,
mi mundo se derrumba, helándose entre llamas.
Fuera, parece que amaina; dentro de mi, rompe a llover.
Porque te has ido.

El Sol queda envuelto en alambre de espino.
La Luna, gritando en mi oído cual es mi destino.
Destino perdido, arrebatado, hundido.
Te has ido lanzándome al mas eterno olvido.

El mundo a mi alrededor sonríe,
cual niño a un pusilánime payaso;
¿Por qué me sonríes mundo cruel?
Mi vida mañana seguirá siendo un fracaso.
Porque te has ido.

Otro día solo al despertar, no estas.
Desvencijada mi alma de mirar tu antigua foto,
papel, pluma, recuerdos tornando a locuras,
escribo con la sangre de este corazón roto.
Porque te has ido.

Entre el humo del cigarro te miro por ultima vez.
Te digo adiós, lo siento, no lo debería hacer,
pero te has ido.

¿Muerte? sencillo aparentemente.
¿Vida? camino de piedras con posible salida.

Elijo el sueño eterno, lo fácil, lo se,
pero lo prefiero al destino,
inafrontable con este espíritu vencido.

Caigo, poco a poco, rendido.
Oteo el horizonte:
La ultima imagen que recuerdo,
tu foto ardiendo entre gemidos.