sábado, 7 de mayo de 2011

Como una estrella que se acaba de apagar

El aire se estaba enrareciendo;
Casi un lustro de perrerías.
Rebusqué a mi musa entre cientos,
¡qué escondida estabas, jodía!

Deje de tirar papel a la basura con frases que se perderían,
el poeta se ahogaba en el vaso, el borracho en tus sabanas frías.
La tinta ya echaba de menos fracasos,
la pluma los polvos del medio día,
armarios con poca ropa, para salir al paso,
camisa y corbata, y alguna absurda letanía.

Mujer de medio pelo, cuarto de polvo, cero de amor,
se dejaban embaucar todas con una ingenua exhortación;
aburrido de cabalgar por las lindes de ese corral,
busco la oveja negra del rebaño que me haga vibrar.

No estás en el whisky, no estás en el ron,
te vas detrás del cigarro reglamentario
que marcaron los gemidos de una voz.
Ojeo por los cielos, me canso de buscar,
me bajo un rato a los infiernos, me pierdo un poco más;
Remuevo un poco de tierra, me desahogo por el mar,
pego la vuelta al mundo, lo juro, sin apenas disfrutar.

Después de mil andadas, me propongo a descansar,
me tiro a la “bartola”, muy maja y muy servicial.
Levanto un ojo a la mañana. Aquí, todavía no estás.
Revuelvo todos los bares, detrás de una barra, quizás.

De repente, sin hacer ruido,
pequeña como una estrella que se acaba de apagar,
luces fuerte a vera, acabas de aterrizar en mis venas;
Simplemente, brutal.
Insulino-dependiente de tus labios al besar,
drogadicto de esta locura, que acaba de comenzar.


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