La misma película
Las aceras queman mis suelas,
yo salgo, legañas como fieras,
desconecto el ruido de mis oídos dormidos
en los que aun se desliza la alarma mas típica del mundo.
La mañana amenaza solana sin piedad,
las tormentas de verano pasaron ya a mejor vida.
Mi locuaz compañero me come la oreja,
la gente amanece con más ganas que un redbull a pelo.
Busco doctorarme rápido en este día,
enredarme destruido en mi colcha nórdica
y esperar que el fin de semana me sorprenda al levantarme.
No falla, todavía es martes.
Hay que joderse.
Humillado por todas y cada una de las mañanas
que emanan de esta maldita semana,
llego al ansiado final de sus desplantes.
“Bailando con bobos” se titula el que entra.
Salgo emperifollado y sin haber mojado nada,
pero con la certeza de que me voy a comer el mundo
en cuatro horas dislocadas.
Robo la primera mirada de complicidad
mientras me suministro bien de lubricante pa´ mi voz.
Secuestro la primera sonrisa caliente
entre trago y trago de un bourbon cargado.
En el garito, los colines se me acercan,
pero ni ellos se dejan hincar el diente.
La música provoca el ambiente, entonces…
¿la culpable es la música o la gente?
Estoy fundido, para casa,
y que ronque la resaca.
Pero es cierto, la noche apesta,
es el puto film de “Bailando con bobos”
una y otra vez en la mesa.
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